La educación espiritual de los niños

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Desde sus albores, la educación espiritual de los niños ha estado en el corazón de las actividades de las comunidades bahá’ís, constituyendo un aspecto fuerte del proceso en la construcción de la capacidad de las personas y las comunidades para atender las necesidades espirituales y materiales de los niños.
Actualmente los bahá’ís se acercan con confianza a la sociedad en general y ofrecen clases a niños de todos los orígenes en los pueblos y las ciudades de las agrupaciones1. La participación de niños de diversas procedencias en las clases ha aumentado significativamente alrededor de todo el mundo.
En nuestro país, actualmente—de acuerdo con las posibilidades que permite la pandemia—se mantienen clases para los niños en diferentes localidades, desde las montañas de Cartago, Alajuela, San José, Desamparados, Alajuelita, Vásquez de Coronado, pasando por la Costa Caribe, los poblados de Talamanca, Corredores y la península de Nicoya.
En las Escrituras Sagradas, la acción de adorar a Dios no es un acto únicamente personal, por lo que el maestro potencial sabe que la oportunidad de ayudar a los niños es una labor sagrada, ya que Bahá’u’lláh sostiene que: “Bendito es el maestro que se levanta a enseñar a los niños”.
Cada vez más y más bahá’ís y personas interesadas en participar en la construcción de una nueva civilización, están comprometidos con ese principio; y se hace visible en el nivel de entusiasmo por su preocupación en la educación de los niños y los pre jóvenes: su deseo de capacitarse para llevar adelante la transformación de cada uno de ellos a través de un acto sencillo de servicio.
Estas son clases fáciles en las que los niños memorizan oraciones, citas de los Escritos Sagrados bahá’ís, escuchan historias y explicaciones de las enseñanzas, cantan y juegan.
Sin embargo, aunque con una estructura simple, las clases tienen un propósito en el desarrollo del niño, mirándolo como “[..] una mina, rica en gemas de valor inestimable. Solamente la educación puede hacerle revelar sus tesoros […]”2 no solo como objeto de su propio desarrollo, sino con un doble propósito: para el avance de la civilización, y para que los talentos y habilidades particulares de cada niño o niña, se desarrollen para beneficio de la humanidad.
Estas clases no son académicas, están basadas en entendimientos espirituales, y fortaleciendo la unidad de la humanidad, ya que niños alrededor de todo el mundo reciben las mismas citas, las mismas canciones. Con la guía de la Casa Universal de Justicia, se construye una cultura universal. Todos los niños tienen esa experiencia en común, sin importar de dónde provengan. El objetivo es ayudarlos a pensar, ya que el mayor don de Dios para el hombre es su pensamiento, así como descubrir esas “gemas de valor inestimable”: la veracidad, la justicia, el amor, el perdón, la confiabilidad, la integridad…las capacidades de la mente humana, sus poderes para describir el mundo de la naturaleza, producir bellas obras de arte y expresar pensamientos nobles y hermosos.
Por ejemplo, se toma una cita como:

“! Oh Amigo! En el jardín de tu corazón no plantes sino la rosa del amor.”

Se trata de guiar a los niños para que exploren el significado de las clases que están estudiando. Y aunque se simplifica, es muy profundo y realmente trae desafíos al maestro, para desarrollar esa percepción espiritual: una rosa se asocia con una imagen de hermosura, pureza, nobleza y fragancia. La esperanza es que los niños memoricen esas citas con significado profundo, consejos que quedarán en su memoria para toda la vida.
La motivación del maestro es alcanzar y establecer una base para desarrollar cómo pensar, observando alrededor lo que sucede y comprender esos conceptos.
Ayudan a los niños a pensar a través de explicaciones concretas de cómo podemos mostrar ese amor: ¿cómo expresamos nuestro amor hacia nuestra familia?, por ejemplo. Y a nuestros enemigos: ¿debemos amar a todos? ¿a los que nos tratan mal?
El potencial de expansión de las clases para niños es inmenso, y este sendero del servicio ha infundido gradualmente en la cultura de la comunidad un sentido de propósito, ya que—debido a las fuerzas de desintegración que operan en el mundo—es vital la educación espiritual de los niños. Todos los maestros entrevistados para este artículo han desarrollado un lazo de amor y preocupación sincera por cada uno de los niños que han tocado sus corazones y almas, y la colaboración entre los maestros y las familias, fortalece el sentido de propósito y de lazos de verdadera amistad.
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1 grupo de localidades para el desarrollo de los planes por la Asamblea Nacional
2 Bahá’u’lláh