Revelación progresiva de Dios

La Alianza eterna de Dios con el hombre

Los bahá’ís creemos que existe un único Dios, Creador del universo, que desde siempre se ha manifestado a la humanidad para que podamos Conocerle y Alabarle.

Bahá’u’lláh explica que, Dios es la esencia incognoscible, y no podemos tener comunicación directa con Él, por lo que manifiesta Su voluntad a los hombres a través de Sus Mensajeros divinos que, de época en época, aparecen en tiempos de decadencia moral y corrupción espiritual, otorgando nueva vida y llenando de gozo y esperanza a quienes se vuelven hacia Ellos.

[…] Dios, la Esencia incognoscible, el Ser divino, es inmensamente excelso por encima de todo atributo humano, tal como existencia corpórea, ascenso y descenso, salida y retorno […] Él está, y siempre ha estado, velado en la antigua eternidad de Su esencia […] Estando así cerrada la puerta del conocimiento del Antiguo de Días […] Ha hecho que, […] aparezcan del dominio del espíritu aquellas luminosas Joyas de Santidad, en la noble forma del templo humano, y sean reveladas a todos, a fin de que comuniquen al mundo los misterios del Ser inmutable y hablen de las sutilezas de Su Esencia imperecedera.”1

Estos Mensajeros o Manifestaciones Divinos, confirman que la religión es una sola y todas las Manifestaciones la han enseñado de manera progresiva de acuerdo a las necesidades de la época en que aparecen. Ese diálogo ininterrumpido entre Dios y los hombres se ha realizado a través de sus Mensajeros como Abraham, Krishna, Moisés, Zoroastro, Buda, Cristo, Muhammad, el Báb y Bahá’u’lláh.

Este proceso de revelación no tiene principio ni tendrá fin, se asemeja a la salida y la puesta del Sol de la Verdad: “Sabe con certeza que, en cada Dispensación, la luz de la divina revelación ha sido otorgada a los hombres en proporción directa a su capacidad espiritual. Considera el sol. Cuán débiles son sus rayos en el momento en que aparece sobre el horizonte. Cómo gradualmente, su calor y potencia aumentan a medida que se aproxima a su cenit, permitiendo, mientras tanto, a todas las cosas creadas adaptarse a la intensidad creciente de su luz”.2

Por lo tanto, las enseñanzas y principios espirituales enseñados por esos Seres excelsos proceden de la misma fuente [Dios], y si difieren es únicamente por los variables requerimientos de la época en que Les ha correspondido promulgarlas.

Cada uno de estos Portavoces de Dios “confiere vida al mundo de la humanidad, modifica el aspecto del globo terrestre, hace que la inteligencia progrese, vivifica a las almas, echa las bases de una nueva vida, establece nuevos fundamentos, organiza el mundo […] libra al hombre del mundo de las imperfecciones naturales y adquiridas. Ciertamente, nada que no sea un poder divino podría realizar obra tan grande”.3

Asimismo, Bahá’u’lláh nos enseña que la religión tiene dos aspectos: uno es espiritual, que es eterno y permanente; el otro, su contenido social. En la evolución social del planeta hemos pasado del clan, a la tribu, al pueblo y la nación. En los Escritos bahá’ís se afirma que “la unidad de la humanidad es el sello distintivo de la etapa que se acerca para la sociedad.” Los bahá’ís reconocen en Bahá’u’lláh el nuevo enviado de Dios para esta época.

La Casa Universal de Justicia, órgano supremo administrativo de la Comunidad Bahá’í, en su mensaje a los líderes religiosos del mundo en abril de 2002 expresa: “[…] La religión, como todos somos conscientes, conecta con las raíces de la motivación de la persona. Cuando la religión ha sido fiel al espíritu y al ejemplo de las Figuras trascendentales que dieron al mundo los grandes sistemas de creencias, ha despertado en pueblos enteros las capacidades de amar, de perdonar y de crear, al tiempo que los ha impulsado a mostrar arrojo, a superar los prejuicios, a sacrificarse por el bien común y a disciplinar los impulsos del instinto animal. Es incuestionable que la fuerza seminal en la civilización del ser humano la ha aportado la sucesión de estas Manifestaciones de lo Divino y que esta fuerza se remonta al alba de la historia.”

El carácter civilizador de las Religiones divinamente reveladas debe promover la unidad, el amor y el progreso de los pueblos del mundo; para ser fieles a ese espíritu, los seguidores de todas las religiones, deberían “despedazar los dioses de vanas imaginaciones, los sembradores de disensión entre los hombres, y aferrarse a aquello que los una”.4

Así mismo, Bahá’u’lláh prescribe en el párrafo setenta y cinco del Libro Más Sagrado: “[…] Asociaos, pues, con los seguidores de todas las religiones y proclamad la Causa de vuestro Señor, el Más Compasivo […]”; y en otra Tabla recalca la importancia de la camaradería con ellos.

Creemos que el reconocimiento del concepto de Revelación Progresiva propicia la unidad de la humanidad y la reconciliación entre todos los pueblos del mundo, sin dejar las verdades fundamentales que cada uno de los diversos sistemas religiosos posee. El abandono del título de “exclusividad y carácter final”—que esgrimen cada uno de esos sistemas—terminaría con los prejuicios inveterados, la intolerancia y odios religiosos que han impedido vernos como hermanos, cooperando y conviviendo bajo la protección de una Providencia misericordiosa y amorosa.

1 Pasajes de los Escritos de Bahá’ú’lláh párrafo XIX

2 Bahá’u’lláh, citado en La Dispensación de Bahá’u´lláh por Shoghi Effendi

3 ‘Abdu’l-Bahá, Contestación a unas preguntas

4. Carta de la Casa Universal de Justicia  a los líderes religiosos del mundo, abril 2002 .